Comisión Transitoria del IPD: Un asunto de dignidad tardío
No es afán de este post la defensa in extremis del abyecto Manuel Burga, ni de dirimir con algún desbordado hincha enemigo a ultranza del mencionado dirigente. Es más bien, un intento de reflejo del más infantil deseo de todo mandamás nacional por alcanzar la popularidad, por poseer un egregio recuerdo. Me explico, hace ya varios meses, con la nueva resolución del IPD que normaría el futuro de la actividad deportiva en nuestro país, estuvo dentro de las federaciones afectadas naturalmente la Federación Peruana de Fútbol (FPF). Sin embargo, por malas artes y canalladas que son de conocimiento público, Manuel Burga, en peculiar reacción parvulesca no quiso acatar la medida, la cual hubiese impedido su inmediata relección al siguiente periodo al mando de la FPF. Por aquel entonces, se produjo un cataclismo en las relaciones entre Woodman y Burga, con declaraciones esplosivas de por medio en variopintos diarios capitalinos y programas deportivos, sin llegar a una determinación absoluta ni a la imposición de la determinación del IPD, MAXIMO ORGANISMO EN LO QUE A DEPORTE SE REFIERE EN EL PERU.
No es menester aclarar lo que consigue. El ingeniero Arturo Woodman no impuso su autoridad en el momento necesario y justo para dar cabida a la actual situación, en donde pretende intervenir a un ente súbdito en el momento en que los resultados futbolísticos le dan la espalda al país y en el que todo el pueblo peruano empuja a Woodman hacia una lucha encarnizada contra Manuel Burga, cuando la guerra fue perdida hace mucho tiempo por avatares de su absurda incompetencia.
BRUNO ORTIZ JAIME.



